ahorro fiscal

04 Marzo, 2020

Planificación fiscal: qué es y cómo puede ayudarte

La vida es un mar de planes. Desde los estudios que elegimos hasta el presupuesto que manejamos cada mes, existen muchos aspectos que pueden planificarse para sacarles el mayor rendimiento posible. Y los impuestos, que solemos considerar algo especialmente estático e inamovible, no son una excepción. La planificación fiscal es un concepto bastante desconocido, a pesar de que puede llegar a ofrecer un gran rendimiento. Normalmente asociamos el término planificación con nuestros ingresos, nuestro ahorro o incluso nuestro patrimonio, pero muy pocas veces con los tributos. Es muy habitual prever cuánto vamos a ganar y cuánto vamos a gastar para ajustar nuestra economía familiar y anticiparnos a posibles problemas. Sin embargo, rara vez tenemos en cuenta cómo pueden influir los impuestos en las decisiones que tomamos. De eso precisamente se encarga la planificación fiscal: de conocer a fondo nuestro propio panorama tributario y optimizar su impacto en nuestra economía. Como todos somos susceptibles de beneficiarnos de ella, merece la pena conocer en qué consiste y algunas claves para sacarle el máximo rendimiento. Carmen Jover, Máster en especialización tributaria, profesora de la UPF y formadora del Programa Aula de formación financiera para accionistas de CaixaBank, resume los principales aspectos a tener en cuenta en cuanto a la fiscalidad personal en una nueva entrega de los Aula Talks, una iniciativa de formación, que a través de conferencias y charlas breves, tiene por objetivo ofrecer contenidos sobre economía y finanzas a cargo de ponentes de reconocido prestigio.La palabra «fiscal» suele provocar cierto recelo cuando se aplica a todo lo relativo a los impuestos. Por eso, además de contar en qué consiste la planificación fiscal, es interesante apuntar en qué no consiste. La planificación fiscal no tiene nada que ver con la evasión fiscal. Son dos conceptos totalmente distintos: el primero siempre actúa dentro del marco legal, mientras que el segundo tiene como objetivo evitar el pago de impuestos, haciéndolo de forma ilícita. La planificación fiscal, por su parte, consiste en evaluar la influencia que tienen sobre nuestra economía los impuestos que nos afectan y cómo actuar conforme a ese conocimiento para que su impacto sea el mínimo posible. Todo ello, dentro de la legalidad vigente. Se trata, básicamente, de analizar qué ingresos o bienes tenemos, cuáles son nuestros gastos y decidir qué acciones pueden ayudarnos a optimizar la carga fiscal asociada a los mismos, tanto a corto como a largo plazo.Para conseguir reducir el impacto de los impuestos se utilizan varias herramientas que se engloban en torno a tres grandes objetivos: el diferimiento en el pago de los tributos, el ahorro fiscal y la gestión del riesgo. El primero de ellos nos ayuda a realizar los pagos en el momento que más nos convenga. Se trata de la lógica que existe detrás de productos como los planes de pensiones y los fondos de inversión: nos permiten aplazar el pago de tributos hasta la jubilación o hasta reembolsarnos las ganancias, respectivamente. Si además el tipo marginal del IRPF que nos afecta en el momento de rescatar un plan de pensiones es inferior al que tendríamos que haber afrontado durante esos años, habremos logrado un ahorro fiscal. Una ventaja que también se obtiene con los fondos de inversión, cuya tributación puede —entre otras ventajas— reducir la cantidad a pagar por el Impuesto sobre el Patrimonio. En cuanto a la gestión del riesgo fiscal, se trata de un concepto que se refiere sobre todo a la posibilidad de realizar modificaciones en las normas tributarias e incluso en las distintas interpretaciones de la ley que puedan surgir por parte de las autoridades tributarias y los tribunales. Es importante tenerlo en cuenta, además de valorar con un experto las posibles consecuencias que puedan derivarse de nuestra planificación fiscal.Si conocemos a fondo los impuestos que nos afectan y planificamos por adelantado cada uno de ellos podremos alcanzar un ahorro importante. Básicamente, a las personas físicas residentes en España nos afectan tres impuestos —el de la Renta o IRPF, el Impuesto sobre el Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones—, aunque pueden ser muchos más en función de las circunstancias de cada uno de ellos. Casi todos los tributos son planificables y las acciones que decidamos llevar a cabo pueden afectar tanto a uno como a varios de ellos. Esta es una de las bases de una buena planificación fiscal: es necesario tener en cuenta todos los impuestos que nos afectan y no contemplarlos como compartimentos estancos. Es algo imprescindible para acceder a los beneficios de esta práctica. Se trata de precauciones que deben tenerse en cuenta, por ejemplo, al plantearse una donación en vida. Esta modalidad, afectada por el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, presenta fuertes bonificaciones fiscales en algunas comunidades autónomas. Por eso, muchas personas optan por esta figura para ayudar a sus descendientes cuando lo necesitan. Eso sí, existen algunos matices. Por ejemplo, si lo que se dona es un bien inmueble, el donante deberá tributar por la ganancia patrimonial en su IRPF del año siguiente, salvo alguna excepción. Esto no es otra cosa que la diferencia entre el valor de la adquisición del inmueble y el valor que tiene en el momento en que se dona. Especialmente si el inmueble se adquirió hace tiempo, esa diferencia puede significar un importante perjuicio en la declaración de la renta del siguiente ejercicio que conviene prever. También hay que tener en cuenta los territorios que afectan a cada impuesto. Mientras que en las herencias el Impuesto de Sucesiones y Donaciones se liquida en la comunidad autónoma donde reside el fallecido, en las donaciones en vida se hace en la del donatario, salvo en el caso de los inmuebles (tributan allí donde se encuentran). En estos casos, conviene tener en cuenta las bonificaciones y deducciones de cada territorio para tomar las decisiones adecuadas. La constancia en la planificación para optimizar al máximo el pago de impuestos, maximizar las deducciones a que tengamos derecho, así como contar con información exhaustiva y actualizada sobre la actualidad fiscal son otras buenas prácticas que nos ayudarán con nuestra planificación fiscal. La anticipación también es otra clave. En el caso de los impuestos anuales, como el IRPF o el de Patrimonio, lo mejor es estudiar con antelación cada ejercicio y decidir las acciones oportunas, y no esperar al final del mismo para tratar de efectuar correcciones de manera apresurada. En definitiva, lo más inteligente siempre es planificar. También con los impuestos.

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