coronavirus

28 Mayo, 2020

E-commerce, la clave para no parar de vender llegó para quedarse

Hace varias semanas que los negocios que no cubrían necesidades esenciales echaron el cierre tras decretarse el estado de alarma. Poco a poco, y dentro de las medidas aprobadas por el Gobierno, algunos de ellos comienzan a abrir sus puertas. Sin embargo, este proceso de apertura todavía tardará varias semanas en completarse, en muchos casos con un futuro incierto. Mientras esto ocurre, los comercios buscan alternativas para ofrecer sus productos y servicios a los consumidores. Sin necesidad de contacto físico y sin restricciones en las ventas, el comercio on-line se presenta como una solución para muchos de estos negocios, sobre todo en el caso de los más pequeños. Los cambios en los hábitos de los consumidores durante el confinamiento darán paso a una nueva era para este tipo de establecimientos, en la que la modalidad on-line cobrará especial importancia. El mercado de gran consumo en internet se disparó en la segunda semana de confinamiento en nuestro país y registró un incremento récord de hasta el 73,7% en comparación con el mismo periodo del año anterior, según datos de Nielsen. Esto pone en evidencia que utilizar los canales on-line para comunicarse con los clientes ya no es algo opcional para la mayoría de los comercios.La importancia de este cambio de hábitos es tal que la situación derivada por la COVID-19 puede ser el detonante definitivo para la consolidación del e-commerce en España, según sostienen desde The Valley. Entre los motivos que esgrimen se encuentran mantener el flujo de la actividad comercial y conservar los puestos de trabajo, además de evitar el desperdicio de artículos perecederos y posibles pérdidas. Ante el cierre de los comercios físicos, las empresas que ofrecen servicios y productos en un entorno on-line pueden seguir generando ingresos. Las hay que incluso están permitiendo a los compradores realizar ahora sus adquisiciones y recibir el pedido, o disfrutar del servicio, cuando la situación vuelva a la normalidad. Esta es una posibilidad que ayuda a mantener los empleos, aunque en algunos sectores —como el de la alimentación o las empresas de reparto a domicilio— incluso han tenido que reforzar sus plantillas. Al mantener la actividad vía on-line, los comercios que apuestan por el comercio electrónico tienen capacidad para dar salida a los productos que tenían en el almacén. De no ser por esta vía de venta, son muchas las empresas que habrían registrado grandes pérdidas al no poder vender artículos que se echarían a perder o que quedarían obsoletos por tratarse de stock de temporada. La venta on-line ya forma parte de la estrategia de la mayoría de las grandes compañías, pero no tanto del pequeño comercio, posiblemente el más vulnerable en esta crisis. La falta de formación y el desconocimiento de las herramientas necesarias para poner en marcha las ventas on-line son algunos de los motivos que explicarían esta falta de digitalización.Para establecer una relación comercial a través de internet con los clientes no es imprescindible contar con una tienda on-line o con presencia en un marketplace como Amazon. Se puede hacer perfectamente a través de redes sociales o de aplicaciones como WhatsApp. Se trata de una buena opción, sobre todo si se tiene en cuenta que, según el Estudio Anual sobre Redes Sociales 2019 de la Asociación de Publicidad, Marketing y Comunicación Digital (IAB Spain), el 72% de los usuarios siguen a las marcas en alguna de las redes sociales y para el 26% genera confianza que tengan un perfil en ellas. Sacar partido a este canal de comunicación puede ser el comienzo de la digitalización del pequeño comercio. Contar con asesoramiento externo ayuda a la gestión de todos los trámites y a dejar las cuestiones técnicas y más engorrosas en manos de terceros. Por ello, CaixaBank ha creado la solución SocialCommerce, pensada para facilitar a los pequeños comercios la apertura de nuevas modalidades de venta de forma rápida y segura. La propuesta se centra en la gestión de compras on-line a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería. De esta forma, el negocio puede realizar ventas a partir de ofertas lanzadas desde sus perfiles en Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, Telegram o cualquier otra vía de comunicación con el cliente final, sin necesidad de mantener una tienda virtual o una página web propia. La solución de CaixaBank ayuda al comercio a convertir seguidores en potenciales compradores y a cobrar por los pedidos recibidos a través de canales de comunicación directos En cuanto a los clientes, estos reciben las ofertas a través de los perfiles y aplicaciones de mensajería del comercio. Si les gusta el producto, lo pueden comprar a través de un enlace que los lleva directamente a las instrucciones de pago. El comerciante recibe la información de la venta que acaba de realizar y puede gestionar el envío. El lanzamiento de SocialCommerce se complementa con PayGold, una solución pensada para recibir pagos on-line, por correo electrónico o por SMS. Todo ello sin necesidad de que el comercio cuente con una web propia y preparado para ofrecer una respuesta ágil, algo que puede ser crucial en el momento actual para mantener un negocio abierto. El e-commerce puede ser un importante facilitador de algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, una serie de metas que el organismo ha fijado para alcanzar la prosperidad de todos sin renunciar a la sostenibilidad. En concreto, su uso, principalmente en la situación actual, puede resultar especialmente valioso para el objetivo número 8 (Trabajo decente y crecimiento económico). Estar junto al pequeño comercio en estos momentos es necesario y la venta on-line puede ser una herramienta fundamental para que muchos de ellos sigan adelante.

INNOVACIÓN
21 Mayo, 2020

Empresas responsables para afrontar el día después

¿Cómo será nuestro mundo después de la pandemia? Esta es la pregunta que todos nos planteamos. Una cuestión bastante lógica, si tenemos en cuenta que pocas personas han vivido antes una situación capaz de provocar cambios tan abruptos, tan globales y tan rápidos. Aunque todavía es pronto para encontrar una respuesta certera, las empresas deberán tener claro cuanto antes cómo será su vuelta, cómo hay que afrontar ese día después en el que volverán al trabajo en un entorno incierto. Para facilitar esa «operación retorno» a las compañías, la Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) del IESE ha publicado el cuaderno «El día después: empresas socialmente responsables ante un mundo pos-COVID-19». Realizado por Philip Muller y Joan Fontrodona, este informe propone contemplar la RSC como guía, explica cómo adaptar las empresas a un entorno cambiante y ofrece algunas claves para comprobar que la vuelta al trabajo es segura para todos.En la medida de lo posible, cualquier decisión que se tome —sea fácil o difícil— deberá ser siempre consistente con los valores y con el sentido de la propia labor empresarial. Para ello, el cuaderno propone utilizar la responsabilidad social corporativa como brújula e incorporar tres actitudes que nacen precisamente de ella: reflexión, transparencia y creatividad. ¿Por qué resulta valioso reflexionar sobre los principios, valores y fuerzas de la compañía en esta etapa de desescalada? Porque es fundamental para garantizar que cada paso que se tome sea consistente con todo lo que la empresa dice ser. Dicho de otro modo, para evitar transmitir incoherencia a los distintos grupos de interés o stakeholders. Partiendo de esa reflexión, se podrá reformar desde lo más secundario a lo más importante sin perder la identidad de la empresa por el camino. Una actitud reflexiva fomentará también la creatividad al tomar decisiones y ayudará a incorporar al día a día de la empresa todas las lecciones aprendidas durante la etapa de emergencia, tanto las sanitarias como las económicas. Para que todo ese ejercicio sea efectivo, es imprescindible apostar por una comunicación transparente con los stakeholders. De esta manera, se involucrará a los propios trabajadores y demás grupos de interés a la hora de solucionar los distintos retos que surjan durante el escenario que seguirá a la crisis.No cabe duda de que la epidemia de la COVID-19 nos ha dejado un entorno en el que mandan las situaciones impredecibles y cambiantes, cuando no directamente desfavorables para cada empresa. Para adaptarse a ellas y superarlas con éxito, la clave está en la resiliencia. Es decir, que la compañía cuente con la capacidad —en términos de conocimientos, habilidades y actitudes— para operar en situaciones que se pueden complicar en cualquier momento. El cuaderno de la Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) del IESE apunta a seis principios de la resiliencia que pueden aportar la flexibilidad suficiente a las empresas para orientar correctamente sus acciones y sobrevivir tanto en el nuevo horizonte como en los que vengan después de él. - Disponer de recursos frente a nuevas emergencias: si algo nos ha enseñado el confinamiento y las medidas de excepción es que las situaciones de emergencia requieren contar con recursos de sobra. Por eso es tan importante asegurar que cada empresa cuenta con recursos suficientes para garantizar la viabilidad de su negocio en situaciones límite, sobre todo en lo relativo a la cadena de suministros. - Diversidad en ideas y soluciones: apostar por ella ayuda a las compañías a asegurarse de que son resilientes cuando manda la incertidumbre. La diversidad de recursos e ideas al diseñar las soluciones y estrategias es mucho más útil ante los desafíos que vayan surgiendo que las propuestas unidimensionales. De nuevo, involucrar a todos los trabajadores en la búsqueda de esas soluciones y dialogar con otros grupos de interés ayuda a que esa diversidad sea efectiva, a recibir nuevas ideas y a contrastar las propias. - Acción en módulos: otra de las lecciones extraídas del estado de alarma es que resulta importante evitar los contagios mediante el aislamiento. Con la cadena de suministros de las empresas ocurre lo mismo. De hecho, los sistemas muy integrados pueden ser especialmente vulnerables a situaciones de emergencia. Si se apuesta por la acción modular, diversificada en compartimentos estancos y autónomos, será más sencillo proteger las actividades indispensables para las operaciones fundamentales de la compañía y, de este modo, evitar que se interrumpan. Así, esta acción modular servirá como posible medida de contención ante nuevas situaciones de emergencia. - Evolución y aprendizaje constantes: los entornos cambiantes, con un goteo de nuevos desafíos, exigen respuestas dinámicas por parte de las empresas. Para generarlas, es imprescindible saber aprovechar al máximo cualquier nuevo conocimiento y oportunidad que surja durante la operación retorno. Solo así se podrán integrar de verdad los conocimientos y las oportunidades que se vayan abriendo camino. Junto a los propios departamentos, esa capacidad de evolución y aprendizaje se debe extender también a la cadena de suministros y aprovisionamiento para fomentar su agilidad y adaptación ante posibles situaciones de emergencia. - Prevenir contratiempos: tener en cuenta los peores escenarios posibles —como la posibilidad de que surja un nuevo foco de contagio del virus— es especialmente importante en un nivel de gestión de las empresas. Aunque dé la impresión de que la propagación del virus se ha frenado y que se ha conseguido controlar la primera ola de contagios, la gestión resiliente exige tener también en cuenta posibles rebrotes. - Cooperar con otras empresas: es muy posible que, en el mundo después de la pandemia, la cooperación entre personas y empresas ocupe el puesto que hasta ahora ocupaba solo a la competencia. Por esa razón, las compañías deberán enfocar su labor de forma holística y generar cooperación en su propio ecosistema.En el mundo después de la pandemia, las empresas socialmente responsables deberán garantizar que la vuelta de sus empleados sea segura. El informe de Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) del IESE apunta también algunos puntos que deberán atender esas compañías: - Salud de los empleados: las empresas deberán comprobar que la vuelta a la oficina asegura la salud y seguridad de todos, y que se minimiza el riesgo de una segunda oleada de contagios. - Comunicación: la comunicación durante el retorno deberá ser regular y proactiva, además de atender e involucrar a todos los grupos de interés. - Riesgo financiero: el plan de continuidad de negocio de las empresas deberá tener tres características: ser sólido, realista y flexible. Se deberá diseñar y mantener sin perder ninguna de ellas de vista. - Cadenas de suministros: será importante realizar un seguimiento de las distintas etapas de las cadenas de suministros, procurar mantener los contratos con los proveedores y buscar alternativas ante posibles disrupciones. - Políticas de viajes: la salud de los empleados y el medio ambiente deberán mandar sobre las políticas de viajes de las empresas, que deberán ser rediseñadas e incluso limitar los desplazamientos, si es necesario. - Nuevos hábitos de consumo: el confinamiento y la pandemia han generado nuevos hábitos de consumo a los que deberá responder el modelo de negocio. También se deberá considerar si la manera de entender o mejorar la actividad ha cambiado después de esta experiencia. - Servicios: será importante diseñar un plan de retorno con el que recuperar, poco a poco, la normalidad en la distribución de bienes y servicios a clientes y consumidores. La pandemia de la COVID-19 ha llegado como un ciclón que, muy probablemente, cambiará para siempre el concepto de normalidad. El escenario que deja es una oportunidad para implantar un verdadero desarrollo sostenible que no deje a nadie atrás, un empeño en el que las empresas tienen mucho que decir. La responsabilidad social corporativa es el faro perfecto para emprender acciones conjuntas y coordinadas en las que basar esa búsqueda de la sostenibilidad.

CORPORATIVO
07 Mayo, 2020

Privacidad on-line, consejos para mantener tus datos a salvo

Los ciberataques están a la orden del día y son muchos los ciudadanos que ya han sufrido sus consecuencias a estas alturas. Entre ellas se encuentran las relacionadas con la suplantación de identidad, una fechoría que suele tener siempre el mismo origen: el robo de información personal. Es decir, un ataque a la privacidad on-line en toda regla. La cuestión es que, con la crisis del coronavirus, esa privacidad on-line se encuentra especialmente expuesta. La principal razón hay que buscarla en el importante flujo de información digital que circula estos días, especialmente la relativa a la propia pandemia. Vídeos, enlaces, memes… todo tipo de archivos saltan de correo en correo y de mensaje en mensaje. También todo tipo de información sobre nuestra situación actual en la que nos encontramos y que publicamos en redes sociales. Nuestros teléfonos móviles y nuestros ordenadores echan humo con la gran cantidad de datos que compartimos. Hasta el punto de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado la situación actual de “infodemia”, refiriéndose a la sobreabundancia de información que circula. Los ciberdelincuentes saben cómo aprovechar este flujo, así como nuestro deseo de recibir la máxima información posible. Por eso han encontrado la ocasión perfecta para tratar de hacerse con nuestros datos. Es el primer paso hacia una posible suplantación de identidad que puede crear más quebraderos de cabeza de los que parecen.Puede parecer que la suplantación de identidad es un problema que solo afrontan los famosos de vez en cuando. Esto se debe a que sus casos suelen ser los más sonados. Cada dos por tres oímos hablar de alguna personalidad a la que han hackeado su perfil en una red social para publicar cualquier cosa en su nombre. Sin embargo, cualquiera puede ser víctima de este tipo de actividad fraudulenta. Tal y como recuerda la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI), cualquier persona que tenga en internet información personal como nombre y apellidos, edad, lugar de nacimiento o fotografías y no tenga controlado quién puede acceder a dichos datos puede ser víctima de suplantación de identidad. Incluso si esa información no está publicada en internet, siempre existe un cierto riesgo. En cuanto a los lugares donde se desarrollan las suplantaciones de identidad, suelen darse en redes sociales, ya que en ellas resulta sencillo recopilar información sobre una persona e incluso crear un perfil falso para hacerse pasar por ella. De hecho, es habitual el uso de bots que se hacen pasar por gente real para promocionar productos y servicios o sembrar discordia. Existen también ataques de phishing que utilizan malware para infectar nuestros equipos y hacerse con nuestra información personal. En estos ataques, los ciberdelicuentes suelen utilizar técnicas de ingeniería social para suplantar la identidad de entidades o personas conocidas con el fin de engañar a sus víctimas y obtener sus datos. Con ellos en su poder, tratarán de acceder en su nombre a distintos servicios. Los ataques de phishing suelen seguir este esquema: abrimos un correo electrónico o mensaje que parece enviar una persona o entidad de confianza; el mensaje solicita acceder a una web para facilitar información personal; la web parece legítima, por lo que facilitamos todos los datos solicitados, incluidos nombre de usuario, contraseña o número de identificación fiscal. A partir de ahí, los ciberdelincuentes tendrán a su disposición los datos necesarios para intentar suplantarnos, por ejemplo, en nuestras interacciones con el banco. También son habituales en este tipo de ataques los mensajes que nos anuncian que hemos ganado un premio y que debemos proporcionar una serie de información personal para poder acceder a él. En plena pandemia de covid-19, este tipo de ataques se ha sofisticado y utiliza este tema como gancho para hacerse con datos de usuarios. Desde archivos con supuestos consejos en vídeo para mantenerse a salvo de la enfermedad que ocultan software malicioso hasta cibercriminales que se hacen pasar por la Organización Mundial de la Salud, todo vale para romper la privacidad on-line de los internautas.Las especiales circunstancias que vivimos en la actualidad exigen que seamos más cuidadosos que nunca con nuestra información personal. Los ataques de suplantación de identidad no solo afectan a la víctima de la estafa, sino también a las personas u organismos por los que se hacen pasar los ciberdelincuentes, que se pueden ver envueltos en un problema de manera totalmente inadvertida. Existen algunas medidas que podemos tomar para mantener nuestros datos a salvo y evitar que terceros puedan contactar con otros en nuestro nombre o acceder a distintos servicios on-line haciéndose pasar por nosotros. - Utilizar siempre contraseñas robustas: tanto para acceder al perfil de la red social como a nuestras aplicaciones bancarias, la OSI explica que elegir una buena contraseña es fundamental. También lo es gestionar estas credenciales de manera adecuada, sin compartirlas con nadie, sin utilizar la misma para varios servicios y haciendo uso de gestores para recordarlas cuando las necesitemos. En este sentido, CaixaBank ha sido el primer banco del mundo en utilizar la identificación biométrica en las aplicaciones propias y el reconocimiento facial en cajeros, que evita tener que introducir el PIN para realizar reintegros. Además, la entidad cuenta con sistemas robustos para proteger los datos de sus clientes frente a los ataques de los hackers. - Evitar el phishing: lo mejor para no sufrir las consecuencias de un ataque de phishing que termine con el robo de nuestra información es evitarlo. Para ello, conviene fijarse en los mensajes y correos que se reciben y estar alerta ante contactos inesperados o respuestas que no se han solicitado. También es preciso analizar con detalle los correos, sobre todo los que nos piden introducir credenciales en una web externa con cualquier excusa, y recordar que un banco nunca nos pedirá nuestros datos por correo electrónico, mensaje de texto o teléfono porque ya los tiene. Conviene examinar la dirección de correo del remitente, no fiarse de peticiones urgentes que impongan plazos para modificar claves de acceso y comprobar que los enlaces incluidos sean legítimos. Con solo pasar el puntero del ratón por encima del texto del enlace, podremos ver la dirección web a la que dirige y comprobar si coincide o no con la que apunta el contenido del mensaje. Que su redacción sea incorrecta también debe alertarnos. - Aumentar el grado de privacidad de nuestros perfiles: en redes sociales, conviene configurar los perfiles de la manera más privada posible, con el fin de evitar que usuarios desconocidos accedan a nuestra información personal. La OSI también aconseja asegurarse de la identidad de cualquier usuario que nos quiera agregar como amigo para evitar que cualquiera tenga acceso a nuestra información personal, fotos o vídeos. - Revisar la política de privacidad: la OSI recuerda que, si nos fijamos en las condiciones de servicio de las redes sociales, sabremos el uso que hacen de nuestros datos, su tratamiento y almacenaje y si se comparten con terceros. Seguir estos consejos nos ayudará a preservar nuestra privacidad en internet. Una precaución que, en estos momentos, es más importante que nunca.

INNOVACIÓN
16 Abril, 2020

Coronavirus y ciberataques, no bajes la guardia

“En tiempos de sobreinformación, la creatividad desaparece”. Así definía el neuropsicólogo Andrey Kurpatov algunos de los efectos de la sobrecarga de información durante el último Foro Económico Mundial de Davos. Lo que no preveía el experto es la capacidad de los ciberdelincuentes para idear nuevas formas de atacar a sus víctimas. Una creatividad que se ha disparado en medio de la pandemia del coronavirus, cuando ciudadanos y empresas demandan más información de la habitual. En las últimas semanas han comenzado a proliferar ciberataques relacionados con la crisis del coronavirus. Lo cierto es que el escenario es propicio para este tipo de delincuencia: el consumo de internet se ha disparado, con incrementos de tráfico cercanos al 40%, al igual que el teletrabajo. La elevada demanda de información sobre la pandemia por parte de ciudadanos y profesionales ha abierto nuevas oportunidades para los ciberdelincuentes. Mientras que algunos han prometido no actuar en ciertos casos mientras dure la pandemia, otros han decidido aprovechar la situación para difundir sus ataques. En cualquier caso, nunca se debe bajar la guardia ante la posibilidad de ser uno de sus objetivos. Y menos en una situación tan excepcional como la actual.Los ataques de secuestro de información, o ransomware, no han tardado en aparecer. Lo que ocurre es que, esta vez, lo hacen adaptados a la situación actual de pandemia. Es decir, aprovechan el tirón informativo que tiene estos días la temática del coronavirus para acceder a nuestros archivos, encriptarlos y solicitar después el pago de un rescate si queremos recuperarlos. Si sumamos todo esto a la sobrecarga de trabajo que sufren los profesionales de determinados sectores, como los de la sanidad, los ciberdelincuentes encuentran la ocasión perfecta para intentar secuestrar información sensible. Este fue precisamente el caso de un envío de ransomware reportado por la Policía Nacional. Consistía en el envío de correos electrónicos a personal sanitario de distintos hospitales españoles relacionados con la temática del coronavirus. Incluían archivos adjuntos con los que los ciberdelincuentes pretendían corromper la información del centro médico para pedir después un rescate. Este tipo de ataques de secuestro de información también se han detectado en otros países. Un ejemplo es el del ransomware que utilizaba el dominio coronavirusappsite para cumplir con su objetivo. Contenía un mapa de calor de Estados Unidos en el que se mostraban los focos de mayor contagio para captar la atención del internauta. En concreto, esta página solicitaba la descarga de una app móvil para continuar informado. Al hacerlo, se instalaba un ransomware llamado Covidlock, con su consiguiente mensaje de infección y solicitud de rescate.La ruptura de la normalidad también deja expuesta a la población ante las ciberestafas. Como en estos momentos buscamos constantemente información relacionada con el coronavirus, los ciudadanos estamos más expuestos a sufrir este tipo de engaños. De hecho, las cifras de uso de la temática del coronavirus como gancho para extender ciberataques entre la población se han disparado en marzo, coincidiendo con la declaración del coronavirus como pandemia global. Además, se ha detectado un incremento de hasta el 70% de correos con ataques de phishing que hacen uso de esta temática para recopilar información personal de manera fraudulenta. El propio FBI alerta sobre una oleada sin precedentes de este tipo de delitos, en este caso relacionados con la pandemia. En España, los últimos informes del Centro Nacional de Protección de Infraestructuras y Ciberseguridad (CNPIC, dependiente del Ministerio del Interior) han alertado sobre una quincena de ciberestafas con el señuelo del coronavirus. Para perpetrarlas, los delincuentes aprovechan el sentimiento de vulnerabilidad que empuja a muchos ciudadanos a buscar información sobre la pandemia.Hay que tener en cuenta que estas ciberestafas no llegan exclusivamente a través de correos electrónicos. También se utilizan aplicaciones, páginas web e incluso mensajes de texto para comprometer la seguridad de las personas y su privacidad. Un ejemplo es el uso de mensajes de texto para ofrecer una aplicación que ayuda a conseguir mascarillas sanitarias. Cuando se descarga la aplicación, se instala un virus que reenvía el mensaje a todos los contactos de la agenda del teléfono infectado. Otro ataque detectado utilizaba un mensaje de WhatsApp para suplantar al Ministerio de Sanidad y redirigir a una web de venta de mascarillas. También proliferan estafas con troyanos, como el conocido Cerberus, que afectan a dispositivos Android. Este ataque tiene como principal cometido el robo de credenciales bancarias o tipos RAT, con el foco puesto en la distribución y el robo de datos sensibles de la víctima.En un momento en el que nos vemos bombardeados constantemente por la difusión de información por medios electrónicos, el sentido común es más necesario que nunca. Protegernos de ciberestafas en un momento especialmente vulnerable como el que vivimos nos evitará más de un disgusto. Algunas recomendaciones para mantenerse a salvo de este tipo de ataques son las siguientes: - Eliminar, sin abrirlos, los correos electrónicos sospechosos o de cuyo origen no tengamos constancia. -  Evitar las cadenas de mensajes, que se utilizan en muchas ocasiones para recopilar datos de contacto, así como los mensajes que recibamos de conocidos con enlaces o adjuntos y que parezcan fuera de contexto o no encajen en la conversación. - No hacer clic ni pulsar sobre enlaces dudosos, ya que nos pueden redirigir a páginas web fraudulentas. - Ante la duda, contrastar siempre con personas de confianza y fuentes oficiales cualquier información que recibamos y nos resulte sospechosa. - Extremar las precauciones en las compras online, especialmente las de productos relacionados con la pandemia como mascarillas o guantes. - Mantener actualizados los sistemas de los dispositivos electrónicos, incluidos los antivirus. - No facilitar nunca claves ni contraseñas solicitadas a través de correo electrónico, mensajes de texto o cualquier otro canal. - Que una web empiece por https y presente un candado en la barra del navegador no garantiza que sea segura. De hecho, puede tratarse de una web fraudulenta. Conviene fijarse bien en si el enlace se corresponde realmente con el del sitio web al que queremos conectarnos. Siempre será más seguro teclear la dirección web auténtica en la barra de navegación que acceder a ella desde un enlace obtenido de otra fuente. Mantener a raya los ciberataques no es solo un acto de protección individual. En momentos como los actuales, la responsabilidad ciudadana es especialmente importante, por lo que también se debe evitar al máximo su propagación a otras personas. La calma y el sentido común son, una vez más, las mejores herramientas que tenemos a nuestro alcance para conseguirlo.

INNOVACIÓN
31 Marzo, 2020

Coronavirus y teletrabajo: tres tips para trabajar en remoto

La implantación del teletrabajo es un concepto que reclaman cada vez más trabajadores. Y también una idea por la que ya apostaba un buen número de empresas a comienzos de año. Según la Guía del Mercado Laboral de Hays 2020, el 67% de las compañías tenía previsto aumentar este año las opciones de teletrabajo respecto al año anterior, el 7% más que en 2019. Sin embargo, las medidas para evitar el contagio por coronavirus han llevado a muchos negocios a pasar de la intención a la realidad en muy poco tiempo. Y, con ellas, sus trabajadores. En función de la empresa, algunas de estas personas habrán comenzado a trabajar desde sus propias casas por primera vez en sus vidas. Otras habrán visto el número de días de teletrabajo semanales ampliados a causa de la crisis del coronavirus. Cualquiera que sea el caso, lo cierto es que muchos empleados habrán visto alterada su rutina laboral habitual. No estamos hablando de un cambio cualquiera. Especialmente al darse en circunstancias excepcionales –como las que vivimos en estos tiempos de pandemia por coronavirus– la implantación del teletrabajo puede afectar a cuestiones como la cultura laboral del talento de la empresa, la organización del trabajo, la seguridad de la información e incluso la conciliación de la vida laboral, familiar y personal. Por eso no está de más tener en cuenta algunos consejos que nos pueden ayudar a convertir el teletrabajo en una experiencia constructiva y segura.Según el Monitor Adecco de Oportunidades y Satisfacción en el Empleo, el 7,9% de los ocupados en España teletrabajó, aunque fuera de manera ocasional, en el cuarto trimestre de 2019. Esto supone que alrededor de 1,5 millones de trabajadores en España ya conocen lo que supone desarrollar su trabajo lejos de la oficina. Muchos de ellos saben ya que una de las desventajas más importantes del teletrabajo es la sensación de aislamiento que se puede llegar a sufrir, especialmente entre aquellas personas acostumbradas a compartir espacio físico de trabajo con sus compañeros. El trabajo en equipo también se puede llegar a resentir. Los malentendidos, que suelen ser más habituales en las comunicaciones a distancia que en las presenciales, tampoco contribuyen a atenuar estos inconvenientes. Esto se debe a que la comunicación directa, que es la que mantenemos cara a cara, cuenta con componentes verbales y extraverbales. Y estos factores se pierden en gran medida cuando las comunicaciones se realizan con medios telemáticos de por medio. Por todo ello, conviene tener en cuenta que el medio en el que trabajamos con nuestros compañeros ha cambiado y, con él, debe hacerlo también nuestra manera de comunicarnos. Por eso debemos adecuarla a las nuevas circunstancias y conseguir que sea lo más efectiva posible. Es decir: debemos realizar un esfuerzo extra para comprender a nuestros compañeros y ayudarles a comprendernos, para acostumbrarnos a utilizar herramientas colaborativas que faciliten el proceso, así como para aclarar cualquier tipo de duda y evitar los temidos malentendidos que pueden perjudicar al equipo. Una buena comunicación nos ayudará, además, a lidiar mejor con la sensación de aislamiento.Teletrabajar de manera continua, como harán muchos trabajadores mientras dure la crisis del coronavirus, no es lo mismo que hacerlo de manera esporádica. Si no se tiene cuidado, la productividad se puede ver afectada, así como el bienestar de los propios trabajadores. Aunque pueda parecer que la posibilidad de trabajar sin interrupciones beneficia estos aspectos, lo cierto es que, sin una buena gestión del tiempo que empleamos en trabajar, se pueden ver perjudicados. Aprovechar las horas más productivas del día para sacar adelante las tareas más complicadas y dejar las más sencillas para los momentos en que nos cueste más trabajar es un truco que comparten muchos freelances. Los expertos también aconsejan concienciarse de que, por mucho que se permanezca en casa, lo que se está realizando es un trabajo real. Por eso es importante habilitar un espacio exclusivo lejos de posibles distracciones y vestirse para trabajar. También lo es crear barreras que permitan al resto de los miembros de la familia interpretar fácilmente que no se debe ser molestado. Por ejemplo, indicarles que, mientras la puerta del espacio de trabajo permanezca cerrada, deben evitar acceder a él o hacer ruido en las proximidades. También debemos establecernos barreras nosotros mismos que nos ayuden a dar la jornada laboral por terminada en un momento dado. Trabajar desde el hogar puede difuminar los límites temporales a los que estamos acostumbrados en la oficina. Por eso, fijar horarios es fundamental.Uno de los aspectos que los trabajadores no siempre tienen en cuenta cuando comienzan a teletrabajar es la seguridad informática. Aunque deben ser las empresas quienes establezcan herramientas y protocolos que permitan trabajar en remoto y preservar la seguridad online, conviene que también los trabajadores tengan presente la importancia de asegurar al máximo sus comunicaciones. Por ejemplo, muchos trabajadores sentirán la tentación de alternar su trabajo con algunos otros hábitos online que suelen desarrollar en sus casas. El problema es que esta práctica aumenta los riesgos de sufrir un ataque remoto, que puede exponer información sensible sobre la empresa. Aparte, pueden existir otros riesgos derivados de conexiones wifi inseguras, puertos abiertos de periféricos como impresoras, navegadores con todo tipo de plugins o uso de carpetas en la nube sin suficiente protección. En este sentido, conviene prestar especial atención a las indicaciones de la empresa relativas a la seguridad, especialmente las relacionadas con los equipos informáticos, herramientas de telecomunicación y uso de VPN u otros métodos de encriptación. Por supuesto, deberemos seguir más que nunca los consejos habituales para evitar nuestra exposición al malware a través de correos electrónicos fraudulentos, aplicaciones de mensajería instantánea o visitas a páginas web inseguras. Convertir una situación extraordinaria en una oportunidad para el aprendizaje está al alcance de todos. El teletrabajo es una de las grandes tendencias de futuro en el entorno laboral, por eso familiarizarnos con él y tratar de sacarle el máximo partido en estos momentos es una buena idea.

INNOVACIÓN